Del 10 al 22 de noviembre del 2025, Brasil fue sede de la 30ª Cumbre de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP30). El encuentro tuvo lugar en Belém do Pará, en plena región amazónica, una ciudad donde conviven la vitalidad urbana, la espesura de la selva y la abundancia de sus ríos, así como la presencia histórica de pueblos originarios, comunidades ribereñas y afrodescendientes.
Este evento global reunió delegaciones de 195 países, organizaciones de la sociedad civil, representantes del mundo académico, pueblos indígenas de distintas regiones y movimientos basados en la fe. Como Familia Franciscana estuvimos presentes a través de Franciscans International (FI), junto con religiosos, religiosas y laicos preocupados y ocupados en el cuidado de la casa común. Por parte de la Orden Franciscana Conventual participaron Fray Vicente Imhof (Delegación en Perú) y Fray Erick G. Marín Carballo (Custodia provincial María Madre de Misericordia en Centroamérica).
Durante dos semanas se vivieron intensas negociaciones, diálogos y encuentros en la llamada Zona Azul, el espacio oficial de sesiones. El Documento Final dejó algunos avances en materia de financiamiento y adaptación climática, aunque también un sabor amargo por la falta de compromisos políticos concretos, entre ellos la ausencia de una hoja de ruta para la reducción o eliminación de los combustibles fósiles.
Sin embargo, la COP30 no se limitó a lo que ocurrió dentro del pabellón de negociaciones. La fuerza del encuentro se sintió especialmente en los espacios paralelos: la movilización de la sociedad civil, las demandas de los pueblos originarios, la voz de las juventudes y el creciente protagonismo de las Iglesias ante la emergencia climática. La música y la cultura abrieron caminos para el diálogo, sostuvieron la esperanza y recordaron que existen muchos lenguajes para expresar lo que supera a las palabras y a los documentos oficiales.
Como Franciscanos, desde la fe y los valores carismáticos, reconocemos que este también es nuestro lugar. Nos une la responsabilidad evangélica de cuidar la vida amenazada, la dignidad humana y el equilibrio de los ecosistemas. Sabemos que la crisis ecológica tiene raíces sistémicas y que estamos llamados a despertar conciencia para impulsar transformaciones profundas. Acompañamos las luchas y las esperanzas de muchas comunidades en todo el mundo, donde descubrimos semillas del Reino y una invitación constante a reconstruir la Iglesia, las relaciones y la casa común que compartimos.
-fray Erick G. Marín Carballo OFM Conv.
